Su web lleva años con avisos encendidos
Un coche enciende todos los testigos al arrancar y apaga los que están bien. Una web no hace eso. Sigue abriendo, sigue enseñando la portada, y lo que falla no avisa por ninguna parte.
- Casi la mitad de lo que falla en una web no tiene que ver con Google: es legal, accesibilidad, seguridad y velocidad.
- Una web se estropea sola. Cambia la ley, cambia el navegador, caduca el certificado, y nadie ha tocado nada.
- Ninguno de esos fallos avisa. Se descubren cuando los cuenta un cliente, o cuando llega una reclamación.
- Hoy casi todo se arregla en una tarde con ayuda de una IA. Lo que sigue costando es saber qué está mal y en qué orden.
Cuatro de estos doce llevan encendidos meses. Nadie los ha visto porque la web, por fuera, sigue funcionando igual de bien.
El SEO se lleva toda la conversación
Cuando alguien se acuerda de su web es casi siempre por lo mismo: salir más arriba en Google. Es lo que se vende, lo que se pregunta y lo único que mucha gente revisa. Mientras tanto, en la misma página hay cosas que no tienen nada que ver con posicionar y que hacen más daño: una analítica que instala cookies antes de que nadie haya aceptado nada, un formulario que recoge un teléfono sin decir qué se hace con él, un texto gris claro sobre fondo blanco que la mitad de sus visitantes no puede leer.
Ninguna de esas tres cosas le baja de puesto. Las tres pueden costarle dinero, y ninguna se ve mirando la web como la mira usted, desde su ordenador y con su navegador de siempre.
de lo que aparece en una revisión completa de una web pequeña no es posicionamiento. Es protección de datos, seguridad o accesibilidad. Va en el mismo informe y suele correr más prisa que subir un puesto en Google.
Se estropea sola, aunque usted no la toque
Una web no es un folleto impreso. Es un texto que se lee cada día con reglas que cambian: las de los navegadores, las de los buscadores y las del legislador. Su web puede seguir exactamente igual que el día que se la entregaron y haber dejado de cumplir tres cosas por el camino. Cuatro fechas reales de los últimos años lo explican mejor que cualquier discurso.
Una tipografía costó una condena
Un juzgado de Múnich condenó al dueño de una web por cargar una fuente desde los servidores de Google, porque eso enviaba la dirección IP del visitante a Estados Unidos. Lo hacía casi todo el mundo. Muchos lo siguen haciendo.
Google cambió lo que mide
Una de las tres métricas de velocidad que Google usa se sustituyó por otra distinta. Las webs optimizadas para la anterior no se enteraron: nadie les avisó, simplemente empezaron a medirse con otra regla.
La accesibilidad dejó de ser voluntaria
Desde el 28 de junio de 2025 es obligatoria para buena parte del comercio y los servicios digitales en España. Lo publicado antes tiene margen hasta 2030, pero sólo mientras no se modifique de forma sustancial. El día que rediseñe, entra.
Los certificados duran cada vez menos
El sector acordó acortarlos: 200 días desde este año, 100 en 2027 y 47 en 2029. Renovar a mano deja de ser viable, y un certificado caducado no degrada la web: la sustituye por una pantalla roja de aviso.
Los fallos que no dan la cara
Lo que sigue no es una lista de buenas prácticas. Son cuatro zonas donde el fallo existe, tiene consecuencias, y es invisible desde el navegador de quien lleva el negocio.
Lo legal y los datos personales
Es el bloque más caro de ignorar y el más fácil de tener mal sin saberlo. El caso típico: la analítica escribe su cookie en cuanto carga la página, antes de que el visitante pulse nada. El aviso de cookies aparece después, de adorno. La ley española lo prohíbe desde hace más de veinte años y el fallo lo pone el propio código que instaló el que hizo la web.
Alrededor de esto van los hermanos pequeños: casillas de permiso que ya vienen marcadas, una sola casilla que pide el sí para dos cosas a la vez, formularios que piden un teléfono sin decir quién lo va a tratar, y páginas legales que no aparecen enlazadas por ningún lado.
En una revisión de siete proyectos propios nos encontramos cuatro webs que afirmaban por escrito, en su política de privacidad, que no enviaban datos fuera de Europa. Las cuatro cargaban una tipografía o un icono desde un servidor estadounidense. El texto legal era sincero; el código, no lo sabía.
La accesibilidad
Mucha gente la entiende como una obra de caridad para una minoría. Es más simple: es que su web se pueda usar con el móvil al sol, con 60 años y sin gafas, o con el dedo gordo en una pantalla pequeña. Las tres cosas que más aparecen son de manual: texto que no se lee sobre su fondo, botones demasiado pequeños para acertar con el dedo, y campos de formulario sin etiqueta, que un lector de pantalla anuncia como campo de texto, sin decir de qué.
Hay dos que ni siquiera se ven y valen menos de un minuto de trabajo: la página que no declara en qué idioma está, y la etiqueta que le dice al móvil que no encoja la web hasta dejarla en miniatura.
Desde junio de 2025 esto ya no es una recomendación para buena parte del comercio electrónico y los servicios digitales. Y una web accesible es, de paso, una web que Google entiende mejor.
Que cargue y que siga en pie
La velocidad se mide con lo que tardan sus visitantes reales, no con lo rápido que se ve desde su oficina con fibra. Y hay un detalle que casi nadie mira: la web puede ir rápida y aun así bailar mientras carga, moviendo el botón justo cuando alguien va a pulsarlo, porque las imágenes no declaran cuánto van a ocupar.
Y luego está lo que no se degrada, se cae de golpe. Un certificado vencido, un enlace interno que apunta a una página que se borró en el último rediseño, una imagen que dejó de existir. Nada de eso se anuncia. Se descubre cuando lo cuenta un cliente, y para entonces lleva semanas.
Los enlaces internos rotos son el caso más honesto de todos: nunca los encuentra quien hizo la web, porque él conoce el camino bueno.
Si una IA puede citarle
Cada vez más gente pregunta antes en ChatGPT, en Perplexity o en el resumen que Google pone arriba, y sólo después hace clic. Ahí no se compite por un puesto: o le citan con enlace, o no existe.
El fallo más repetido es de copiar y pegar. Hace un par de años circularon por foros y blogs unos ficheros de configuración que bloqueaban todo lo que sonara a inteligencia artificial. Mucha gente los copió tal cual. El problema es que ahí dentro hay dos cosas distintas: los robots que recogen texto para entrenar modelos, y los que alimentan las respuestas que la gente lee, con enlace a su web. Bloquear los primeros es una decisión legítima. Bloquear los segundos es cerrarse una puerta creyendo que se cierra otra.
El segundo fallo es más técnico y más común de lo que parece: si el texto de su página sólo aparece después de ejecutar JavaScript, hay lectores automáticos que se llevan una página en blanco.
Lo que se gana mirando cada cierto tiempo
Revisar no es rehacer. Es pasar la vista por el panel, ver qué está encendido y decidir con calma. Cuatro cosas cambian cuando eso se hace con una cierta regularidad en vez de cuando ya hay un problema encima de la mesa.
Sale mucho más barato pequeño
Un certificado que caduca el martes se renueva en cinco minutos. El mismo certificado caducado, un sábado por la mañana y con la tienda abierta, es una web que enseña una pantalla roja de peligro a todo el que entra.
Se entera usted primero
La alternativa a enterarse por una revisión es enterarse por un cliente que no pudo comprar, por una reclamación, o por una carta de la agencia de protección de datos. Las tres llegan tarde y con público.
Se sabe qué no hay que tocar
Una revisión decente no sólo lista fallos: dice qué está bien. Eso evita el estropicio clásico de pagar por arreglar algo que ya funcionaba, o de tocar por si acaso lo que nadie había roto.
Se ve el movimiento, no la foto
Una revisión suelta dice cómo está hoy. Dos revisiones seguidas dicen algo mucho más útil: qué se ha roto desde la anterior y qué regla ha cambiado fuera. Ahí es donde se ve si su web va a mejor o a peor.
Buena parte se arregla hoy en una tarde
Ésta es la novedad de verdad de los últimos dos años, y conviene decirla sin rodeos: muchas de estas cosas ya no requieren un presupuesto ni una reunión. Con el fallo concreto delante y una herramienta de inteligencia artificial al lado, alguien con paciencia y acceso a su web resuelve en una tarde lo que antes era una partida del presupuesto anual.
La trampa está en el orden. La IA arregla estupendamente lo que se le pone delante; lo que no hace es decirle qué está mal, qué es urgente y qué da igual. Sin esa lista, lo normal es dedicar la tarde a lo que no importaba.
Se arregla con ayuda de una IA
- Textos alternativos de las imágenes, uno a uno, en minutos.
- Títulos y descripciones que hoy están repetidos o vacíos.
- Imágenes que pesan de más, y declararles su tamaño para que la página deje de moverse al cargar.
- El fichero de robots, escrito con criterio en lugar de copiado de un foro.
- Contraste y tamaño de botones y textos, que casi siempre es un cambio de dos líneas de estilo.
Aquí llame a alguien
- Lo legal. Si su formulario tiene base para tratar esos datos y si su política dice la verdad lo valora un abogado, no un modelo de lenguaje.
- Lo que toca el servidor. Cabeceras, certificados, redirecciones: un cambio mal hecho no empeora la web, la apaga entera.
- Las migraciones. El día que se cambia de web es cuando se pierden las direcciones antiguas y el tráfico que traían.
- Lo que no entienda. Aplicar un cambio que no se comprende es exactamente igual de arriesgado lo proponga quien lo proponga.
Dicho en corto: la inteligencia artificial ha bajado muchísimo el coste de ejecutar, no el de decidir. Ante cualquier duda que tenga consecuencias, legales o técnicas, lo barato sigue siendo preguntar al profesional del asunto antes de tocar nada.
Cinco cosas que puede mirar hoy en diez minutos
Sin herramientas, sin instalar nada y sin saber programar. No sustituyen a una revisión, pero le dan una idea bastante buena de por dónde anda.
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Ábrala en el móvil con datos, no con wifi
Si tarda más de cuatro o cinco segundos en enseñar algo, sus visitantes ya lo saben. Usted no, porque su navegador se la sabe de memoria.
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Pulse el tabulador cinco veces desde la portada
Debería verse un recuadro saltando de enlace en enlace. Si no se ve nada, su web no se puede usar sin ratón, y hay gente que no lo usa.
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Pinche en el candado de la barra y mire el certificado
Ahí pone hasta cuándo vale. Si caduca en menos de dos semanas, compruebe hoy mismo que hay algo que lo renueva solo.
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Busque el aviso legal y la política de privacidad desde la portada
Si no llega en dos clics, para la ley es casi como si no estuvieran. Y de paso léalos: suelen describir una web que no es la suya.
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Baje el brillo del móvil y sálgase a la calle
El texto gris claro que en su pantalla se lee perfectamente ahí desaparece. Es el fallo de contraste más común y se ve en diez segundos.
Estas cinco se hacen a ojo. Las ochenta y seis del informe, no: para ésas hacen falta la documentación oficial delante y un rato de trabajo.
Lo que miramos nosotros
Ochenta y seis comprobaciones repartidas en ocho áreas, cada una con el documento oficial que la respalda: el artículo de la ley, la página de documentación de Google o el criterio de accesibilidad. Sin nota sobre 100, porque ese número suma cosas que no se pueden sumar. Están explicadas una a una en la portada.
Indexación
12Si alguna página le está pidiendo a Google que no la indexe, y después sitemap, canónicas y redirecciones.
Contenido
8Títulos ausentes o de plantilla, encabezados, imágenes sin alternativa y enlaces internos rotos.
Visibilidad en IA
6A qué rastreadores bloquea de verdad y si su web se puede leer sin ejecutar JavaScript.
Rendimiento
6Las tres métricas de velocidad con datos de usuarios reales, tipografías de terceros y compresión.
Seguridad
20Redirección a HTTPS, cabeceras, contenido mixto, cookies sin proteger, caducidad del certificado y librerías JavaScript con fallos publicados.
Protección de datos
9Cookies antes del consentimiento, terceros que reciben la IP del visitante y páginas legales obligatorias.
Accesibilidad
19Idioma declarado, contraste, tamaño de los controles, etiquetas de formulario y navegación con teclado.
Datos estructurados
6Marcado que declara cosas que la página no muestra, que sí acarrea sanción de Google, y la tarjeta que se ve al compartir la página.